Ademar
Díaz Aparicio.
Sociólogo, Mg. Politica Social UNMSM, Artista Visual - Escuela de Bellas Artes del Perú
Introducción
Entender
el constructo etnia en relación a infancia en el Perú, es una categoría de
múltiples componentes. En primer término, algunos investigadores priorizan el
trazado lingüístico de un individuo, luego su raza o característica física
aproximándolo a un prototipo establecido en una tabla numérica de tipos
raciales y, en último caso, examinan su componente cultural. Sin embargo, la
primera opción suele ser muy variable porque las personas que viven en Lima,
generalmente son descendientes de diferentes etnias normalmente agrupadas por
distritos, asentamientos, clubes o asociaciones, todos ellos herederos de
distintas lenguas y simbologías que conviven hasta en un mismo territorio en un
amasijo de hábitos y lenguajes de algún modo compartidos.
La
cuestión étnica está en un proceso de
lenta redefinición gracias a los movimientos anti-raciales y las políticas de
inclusión del estado que a través del Ministerio de Desarrollo e Inclusión
Social (MIDIS)[1], por
ejemplo, ha implementado bajo la bandera de la inclusión social. Existen dos
proyectos de conservación, el primero sobre patrimonios culturales en el norte
y el segundo sobre participación ciudadana en las decisiones del sector
agrario. Así mismo, el congreso aprobó la conocida ley 29785 sobre la consulta
previa[2], como
extensión de las políticas públicas realizadas por los diversos gobiernos
regionales en pro de unificar las poblaciones en sectores gruesos de la
República en torno al sector minero o al turismo: actividad que generan buenas
cantidades de divisas pero que sin embargo muy poco se lee -en dichos proyectos-
sobre el valor de la identidad o pertenencia que tendrían, es decir, no se
difunden las teorizaciones antropológicas sobre el efecto funesto de no
vigilarse la conservación de los antiguos hábitats peruanos, que se constituyen
como elementos que integran la memoria
colectiva actual, aun cuando ahora las minas ingresan a realizar su trabajo con
la observación política de la mencionada consulta previa.
Nuestro
estudio está enfocado en analizar y describir cómo este collage de matices
raciales y de información histórica ha ido manifestándose en nuestra población con
énfasis en nuestra infancia limeña, para lo cual asumimos como punto de
referencia a niños en situación de calle y niños migrantes shipibos:
justificados grupos infantiles, ya que en ellos se filtran todos los juicios
sociales existentes directamente asociados con los constructos raciales de
acuerdo a un sistema étnico enraizado en complejos, “… esa premura por ubicar
al otro, en realidad es la impostergable necesidad de ubicarnos nosotros… esa
ubicación angustiosa es la puerta abierta para que intervengan fuerzas
profundamente antisociales que yacen en todos y cada uno de nosotros…” (Bruce
2007:60).
Tratamos
de conocer cómo se configura el ojo del aparato sociocultural peruano buscando
los vericuetos de sus fantasías ideológicas más igualitarias, describiendo
aquellas ultra colonialistas y en qué puntos se entrecruzan con las del común
poblacional y puedan ser vistas como equivocas, buenas o poco convenientes para
la niñez peruana, la que ha sufrido experimentos de vanguardia, desde su
enfoque en cintas fílmicas como mudanzas físicas de diversas casas de atención
en donde han sido, por un lado, rescatados, pero a veces dejados a suerte de
directores poco consientes.
Hablar
de nuestra infancia es, literalmente, hablar del Perú de mañana. Como categoría
general, es hablar de los futuros sentimientos que van a embargar el paisaje
natural peruano, en la medida que los sistemas van adecuándose a la entrada de
nuevas tecnologías y, a su vez, a continuos movimientos migratorios y a la vez,
con la necesidad comunitaria de estar más conectados, en tanto las
comunicaciones ayuden en el despliegue de la aclamada democracia haciendo el
estudio desde la mirada psicosocial del niño mismo a partir de nuestras entrevistas y, en el cruce
con nuestro ensayo de la subjetividad en la evolución del juicio de cientos de
adultos.
Una
sola política o una sola decisión, crean un castillo distinto en un sector de
la infancia. Una ley interpretada en sentido vulgar reformula al niño como
beneficiario o blanco, con pocos objetivos claros para su vida posterior. En
momentos en que la economía peruana rebuzna de crecimiento económico, gracias a
la minería, el impulso a la inversión extranjera, el turismo, las exportaciones
y el desarrollo educativo para nuevos profesionales, se erige la cuestión
económica de la desigualdad no resuelta: amplias brechas étnicas van
configurando hoy el pensamiento de jóvenes mestizos y andinos que buscan
reivindicación ideológica o atención mediática a través de partidos y nuevos
movimientos en la búsqueda de “pertenecer” a la sociedad peruana ejerciendo un
rol determinante en ella.
1.
La matriz simbólica de la geografía
El
territorio es la plataforma sobre la cual se han venido enarbolando la memoria
histórica de la nación. El terruño es el plano geográfico sobre la cual las
distintas comunidades, cuyos fenotipos han existido bajo estándares ideales de
conducta de protección, cooperación y cuidado de la naturaleza. En tiempos
prehispánicos su dominio permitió la existencia de la tecnología, su
agotamiento forzó a movilizar poblaciones de un sitio a otro y de esta forma
experimentar el azar de la migración que posteriormente produjeron mezclas
raciales interesantes pero que han dejado en nuestra memoria histórica la
encrucijada de si fue necesario debilitar un vínculo por un futuro mejor para
las familias.
Las
antiguas conquistas y guerras como fenómenos políticos expansivos han
desarticulado una serie de vínculos sea familiar, social, religioso y
comunitario. Príncipes y reyes se repartían concubinas esclavizando familias,
enterrando legados simbólicos y religiosos que en su momento dieron mito y
sentido al ser sobre su propio espacio geográfico. De ahí el súbdito, ya
esclavo, sea Mochica o Wari, y en otras latitudes actuales, Irakí o
Palestino, ha tenido la penosa chance de
reciclar una nueva creencia con la suya e incorporarla como propia.
Recordemos
las hornacinas de todos los templos incas y pre-incas, donde se colocaban las
estatuillas de madera de los ídolos divinos de los pueblos esclavizados, para
ser visto por estos como el dios bajo la sombra del conquistador. El inca
respetó la cultura, mientras que otros las desparecieron, pero aun así quedaron
vestigios sobre vasijas y paredes que hasta hoy pueden contemplarse. El sujeto
supeditado aun a su fe anterior, y aunque probablemente defraudado por ésta,
invoca al nuevo dios para no ser exterminado por el implantador de la nueva
idolatría o por la magia vengativa del propio.
La
geografía delínea este sistema simbólico en la psiquis del niño, tanto o más
como lo hace el clima. Es un mundo netamente sensorial. Donde entra en juego el
olor de sus flores, la sensación térmica del clima, el color de la tierra y de
la arena, los sonidos de sus animales, el tipo de verde de su flora o los
blancos de la nieve. De esta forma el hombre nace en un escenario no
solicitado, pero no menos hermoso porque lo ha instaurado como pertenencia
primordial. Es allí donde observa y evalúa como serán sus ritos, que ropa
usará, a quién o qué va a adorar, que diseños empleará de acuerdo al animal más
fiero o tierno, o a la hoja del árbol más productiva para la supervivencia o de
mayor estética para el juego del amor. Así empieza el viaje fantástico hacia la
sistematización sintetizada de su entorno. La geografía sirve al hombre para
resumir, mediante signos, lo que deambula a su alrededor. Miles de años señalan
que ha sido así y se ha creado sobre esta base toda una memoria genética
compleja, por citar un ejemplo, observamos a un gran pintor como Szyslzo crear
una serie llamada “Cajamarca” y evocar el ambiente de un sacrificio o al ver a
un niño guía al pie de una ruina escondida de barro, contarnos la historia de
un antiguo Dios Mochica.
2.
Hacia una comprensión de la etnia en el Perú
Según
un estudio de la UNICEF[3]:
“…el Perú es un país pluriétnico y multilingüe, con alrededor de 43 lenguas
andinas y amazónicas agrupadas en 19 familias lingüísticas. Las diferencias
asociadas a esta heterogeneidad no son exclusivas de la dimensión cultural y
lingüística. Por el contrario, lejos de la riqueza que la pluralidad cultural
le da al país, las brechas en condiciones de vida, vulnerabilidad y pobreza
entre la población de etnias nativas y los castellano-hablantes (concentrados
principalmente en zonas urbanas) siguen estando a la base de las limitaciones
para un desarrollo inclusivo y sostenible…”. Esta entrada de la UNICEF preocupa
desde que ofrece una razón única para el entendimiento de la etnia: el
lenguaje. Constructo mediante el cual los sujetos propios de una sociedad
pueden entenderse y actuar de acuerdo a los mismos signos sonoros, pero que no,
necesariamente, aplica como elemento exclusivo para aproximarnos a la idea de
Etnia, que obtenemos de la explicación de la Real Academia Española (RAE).
Entender
la palabra etnia nos remite a una definición de la Real Academia para una
completa comprensión del concepto: “…1. f. Comunidad humana definida por
afinidades raciales, lingüísticas, culturales, etc.…”. Definición qué sugiere
entender qué se entiende por comunidad, raza, lengua y, finalmente, cultura.
Sobre
el concepto de comunidad, existen varias acepciones, dos de ellas son las más
idóneas para las ciencias sociales: “…1. f. Cualidad de común (que, no siendo
privativamente de ninguno, pertenece o se extiende a varios)... 4. f. Conjunto
de personas vinculadas por características o intereses comunes. Comunidad
católica, lingüística…”.
La
primera definición nos habla de que un sujeto es parte y, a su vez, cuerpo de
un cuerpo colectivo y que, bajo este concepto, mantiene unidad con el resto y
que los bienes que obtiene y produce son extensivos al resto de esa comunidad y
viceversa, incluso de aquellos que, lejos de ser bienes materiales, son los
propios hijos. De este modo, cualquier manifestación simbólica elaborada y
consensuada dentro de esta comunidad, nos comunica que es exclusiva a ella o,
si es importada, tiene un aspecto importante para una validación social simbólica
mediante la aceptación general de sus integrantes.
En torno a la palabra raza, el mismo diccionario
define: “…1. f. Casta o calidad del origen o linaje. 2. f. Cada
uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos
caracteres diferenciales se perpetúan por herencia…”
En este caso,
la fragmentación es complicada, porque la calidad de origen es pura para
algunos niños, con énfasis en aquellos que viven en distritos de provincias
alejadas de las zonas urbanas. En todo caso, cada uno de ellos y de sus familias
puede ser rastreada en su linaje, en tanto son descendientes directos de una
cultura correspondiente a un estadio o territorio de la historia preínca o
inca. Una niña que ha nacido sin mezcla de abuelos y tatarabuelos, digamos
cerca del complejo “El Brujo”, puede estar ligada a un linaje Cao-mochica y se
le puede rastrear así, a través del análisis óseo y del ADN probablemente de
las momias encontradas en esa zona. Aquí, la segunda acepción de la Real
Academia Española (RAE), nos ayuda a explicar que las subdivisiones también
permiten utilizar la palabra raza, siempre que sus caracteres diferenciales se
perpetúen por herencia.
Podríamos
afirmar que en los valles del norte, desde Tumbes a Trujillo, existe una raza
predominante, pero si consideramos que ha habido, necesariamente, cruce,
incluso en la actualidad hay que aceptar que raza como la génesis del linaje,
ya no existe como tal. Sin embargo, podríamos llamarla por su enorme
generalidad física y símil, un fenotipo, la RAE define esta palabra como: “…1. m. Biol. Manifestación visible del genotipo en un
determinado ambiente...”. Diferenciándose del resto, dado los rasgos genéticos
traídos de ese pasado propio al linaje y que pertenece a un determinado sector
de la población con características físicas comunes parcialmente reconocibles.
A veces la construcción
social de cultura es mal entendido, porque se le adjudica en demasía la idea de
costumbres y tradiciones hábiles, o se le confunde, en macro, con la palabra
civilización. Explica Sartori “…cultura puede ser una identidad lingüística
(por ejemplo, la lengua que nos constituye como nación), una identidad
religiosa, una identidad étnica, y para las feministas una identidad sexual sin
más, además de “tradición cultural” en los significados habituales de este
término… bajo la expresión cultura no todo es cultura. Y debe quedar claro que
una diversidad cultural no es una diversidad étnica: son dos cosas
distintas…”. (Sartori 2001: 20). La RAE
los enumera de acuerdo a sus criterios de definición: “…1. f. Cultivo.” O sinónimo de
lo que se supone sembrar para luego cosechar. “…2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien
desarrollar su juicio crítico…”, la entendemos así como la información
histórica social y económica debidamente clasificada de acuerdo a un tipo
articulado de pensamiento de base perteneciente a una entidad
social: precisamente lo que Sartori señala a que esta palabra no necesariamente
se refiere a una persona y que en nuestra observación se podría referir al
“acervo” de una sociedad sobre la base de información histórica y genética.
Seguidamente, “….3. f. Conjunto de modos de
vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico,
industrial, en una época, grupo social, etc…”. Lo que explica, que no solo un
ente cultiva información a través de su historia, sino que la convierte en un
estilo de vida que va a producir elementos intelectuales y artísticos
importantes para sí; “…4. f. ant. Culto religioso...”. Y este último punto
es el elemento visible de la etnia, su cosmogonía y consagración como grupo. No
hay sociedad sino se le asocia a un entendimiento del ciclo de la vida, a una
teorización y practica de sentido vital; es sin duda una razón de existir por
encima de la geografía.
Finalmente, “…~ popular.1. f. Conjunto de las
manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo…”. Claude
Levi Strauss transcribe las palabras de un intelectual indígena sintetizando
sobre lo culto y lo popular: “…cada cosa sagrada debe estar en su lugar…” (Levi
Strauss 1966: 20). La desacralización puede causar profundos conflictos al
interior. ¿No es acaso el niño presa de esta? El escenario futuro consagra al
niño en el espacio en que vive, pero hay que descifrar si esa geografía es
ahora la misma que rodeaba al hombre antiguo, con sus grandes verdes y
profundos aromas.
En tanto, este conocimiento fruto de su historia, este arte
y este culto se conviertan en la vida tradicional de un pueblo y mirando en
micro, a una sociedad o comunidad o, incluso, a un grupo que procura hacerse de
los tres elementos a vez: historia, arte y culto o, si ya la contienen, es el
momento clave para consagrarse en una cultura. Esta lucha por el consenso por
los símbolos comunes va organizando alrededor del grupo o fracciones de grupo
que comprenden, la lucha por establecer un sistema de conocimientos definidos
con su bricolage (o artesanías- memoriales, según Lévi-Strauss) y definida así
por estos tres componentes.
3.
El oscurantismo lingüístico del niño
Las
limitaciones del uso de la lengua materna, como criterio de identificación de
la población indígena, de acuerdo al estudio de la ONU, señala que la
información estadística disponible en el Perú con representatividad a nivel
nacional y por dominios específicos, solo permite identificar a la población
indígena en función de una de las múltiples dimensiones étnicas: la lengua
aprendida en la niñez, a la que se denomina lengua materna. Empero, las
limitaciones de utilizar este único criterio, como apuntábamos, para identificar a poblaciones indígenas, son
evidentes, al reconocer la complejidad del concepto de etnia nativa. Ahora,
nuestro ensayo se dirige a un entendimiento de este ámbito pasado, para asociarlo
con la futura configuración étnica y de pertenencia del niño peruano.
Los
cuadros del estudio de la ONU explican que un porcentaje en promedio a un 90%
de las áreas urbanas, tiene como ascendencia la población Quechua y Aymara, por
tanto los padres o abuelos, como mínimo, por ascendencia hablan o saben de
estas dos lenguas.
De
este modo ubicar al niño entre si es Aymara o Quechua, es desviarnos de la
perspectiva de su identidad cultural actual. Sin embargo, es útil para afirmar
que el niño es en esencia proveniente de los antiguos linajes del imperio
incaico, de lo cual creemos están poco orgullosos como para hacerlo zona
intangible de su psiquis en su discurrir social.
Si,
suponiendo que el 90% tuviesen para cada lado 80 de Quechua y 11 de Aymara,
¿Cuál sería el primer aspecto cultural a rastrear?: los departamentos que en
primer término sufrieron la expulsión obligada hacia la capital, en la década
de los 50’s y con mayor peso en los 80’s con el surgimiento del terrorismo.
Estas poblaciones provenientes de Ayacucho, Abancay y la sierra central,
mayormente reconfiguraron el panorama demográfico limeño, pero más aun,
ocultaron decididamente su proveniencia, incluso afirmando, los padres, que
para sus hijos la lengua que importaría aprender es el español, todas las anteriores
ya no son útiles. Los hijos de las migraciones de todos los años, se han
encontrado con tal discriminación que al no poder ocultar sus rostros frente a
la discriminación (por estar imaginariamente en el último ladrillo del
triángulo social), solo optaron por olvidar su lengua y al olvidar su
procedencia lingüística olvidan en gran medida quiénes son, porque el lenguaje
es por naturaleza onomatopéyico, es decir, fruto de los sonidos de la
naturaleza y de sus diseños. Los niños olvidaron eso de sí mismos o de sus
padres, no pudiendo reproducir más los métodos ancestrales para producir signos
útiles. Es una página de la memoria del libro genealógico que tuvieron que
arrancar.
La
Lima de postguerra, mayormente de raza blanca, tuvo mayores mezclas con los nuevos
migrantes, quienes se casaron o tuvieron a bien emparejarse. Las crecidas
poblaciones han reconfigurado este panorama estético y fenotípico, al punto que
en la tabla de valores raciales de muchos documentos ha existido una categoría:
hispano. Sobre todo, porque las mezclas entre cholo y negros africanos, indio y
blanco europeo, chinos y japoneses, con otros recientemente añadidos, han
comenzado a su vez a dar sus productos: hijos que van tomando desde las
diversas historias familiares aspectos físicos, conductas y patrones, no solo
de socialización, sino de supervivencia particularmente muy especiales.
4.
Los unos y los otros
El
estudio referido de la ONU dice al respecto: “…Dietz define como grupo étnico a
la población “…que compartiendo un dominio territorial, una historia, una
lengua, una forma de organización social y/o una cultura, ha desarrollado un
sentimiento de pertenencia sustentado en creencias, tradiciones, vínculos de
parentesco (biológico o social), lengua, raza y/o religión. Estas relaciones
intra-grupales se crean a partir de la delimitación de fronteras sociales y
culturales que establecen la existencia de un nosotros incluyente y un ellos
excluyente…” (Dietz 1999: 83). En este sentido, la pertenencia a un grupo
étnico combina tanto aspectos subjetivos como objetivos. El sistema de
alteridad constituye, tal vez, el punto más álgido de la pertenencia.
Un
asociación de niños trabajadores, por ejemplo el MANTHOC, cuyo discurso es la
defensa de sus derechos como niños y como trabajadores, a la par se
diferenciará de otra agrupación que tenga similar orientación en el hecho de
que los otros grupos deban de escucharlos, incluso aquellos que intervienen en
lo político del discurso, así sea el mismo Estado. Este traspaso de las
fronteras por medio del mensaje otorga sentido al grupo, teniendo incluso
connotaciones geográficas.
Recordamos
con agrado una conversación que tuvimos con un ex líder del movimiento MNNATSOP
que, al acercarse su mayoría de edad y por norma, debía dejar la asociación,
con extrañeza nos contó que después de la experiencia del MNNATSOP, todo lo
demás ya no tenía razón de ser. Este principio, llamado de alteridad o de
diferenciación de grupo, genera conveniencia y además tolerancia que se
desarrolla como una elasticidad sabia de los fervores propios hacia el conjunto
de grupos. Esto permite, eventualmente, la buena resolución del conflicto. La
escena futura de los niños urbanos y rurales de nuestro Perú supondrá un
ejercicio de evaluación periódica de su pertenencia, de su pasado geográfico e
histórico y de su devenir en el espacio tiempo donde ingredientes claves como
el uso de la tecnología y la política pueden volver a removerlo de sus dominios
recientemente conquistados.
5.
Delimitando un perfil étnico y fenotípico de nuestra
infancia
En
520 años de mezcla europea en América, la raza ha sido afectada, pero no
exterminada. La lengua, las creencias y las vestimentas que en su momento
sufrieron cambios, aun hoy, los indígenas mismos confiesan no poder variarlos,
porque así de mixtos, mitad católico mitad culto al sol les ha calado esa
historia de su tierra por más de 500 años (Callañaupa, 2009). Desde entonces
tenemos fiestas, celebraciones y danzas mestizas, medio españolas medio
asiáticas, o con ritmos afros en la medida que estos grupos han venido
integrando el paisaje etnográfico del Perú. Cabe mencionar aquella alusión
religiosa en las festividades, donde se mezclan cruces, arboles, textiles,
colores, comidas y bebidas con ritos a la pachamama, adorando lo que
antiguamente el poblador, por temor, le arrojaba al sol un cadáver, o a una
planta, una plegaria solo para darles las gracias de permitirles existir. Donde
una pobladora en Quispicanchis al preguntársele si dejaría de realizar estos
ritos híbridos para regresar a la pureza del ritual inca, simplemente manifestó
que se perdería la mística del acto.
Importa
mencionar hechos históricos relacionados a los procesos de reconfiguración
étnica que nos daría luz sobre el estado actual de la etnia y el fenotipo
aproximado de nuestra infancia, su
despliegue social y simbólico como es la nueva plantilla de desarrollo de su
pertenencia en el futuro.
Hubo
momentos claves antes de que el indígena color de piel cobriza, no mayor al
1.70cm, de amplia espalda, afilada nariz, ojos pequeños y hundidos y gruesa
contextura empiece paulatinamente su camino al mestizaje. Primero, la conquista
de América en 1492 y el ingreso conquistador de Pizarro al Perú en 1535, cuando
funda Lima, en segundo término la presencia de chinos trabajadores en las haciendas
azucareras del Norte, Chiclín, Cartavio, Laredo y en el norte chico, Supe y
Huaral por ejemplo, donde muchos de
estos recibieron en lugar de sus apellidos los apellidos de los patrones o se
escaparon para no ser esclavizados conservando así sus apellidos. Sin embargo
cuenta Yamawaki: “…En 1849, a iniciativa del gobierno peruano, se inició
formalmente la inmigración al Perú desde la China, en ese entonces gobernaba la
dinastía manchú. Los inmigrantes chinos venían a trabajar en las haciendas
costeñas con contratos laborales de ocho años. Luego de 33 años de declarada la
independencia, en 1854, la esclavitud fue formalmente abolida en el Perú. Los
inmigrantes arribaron pues justamente cinco años antes de que ello ocurriera…”
(Yamawaki 1999).
De
esta manera, el ciclo de esclavitud de los chinos denominados culíes, duró poco
pero su asentamiento permaneció, incluso el alias peyorativo por excelencia,
“chino”, recae sobre cualquier otro tipo de inmigrante asiático, como el
japonés quien arribó al Perú en el año 1899 por contratos laborales, dada la
falta de fuerza de trabajo en las haciendas costeñas y a quienes sus patrones
llamaron chinos, porque no hallaban una diferencia particular de fondo
(Yamawaki 2009: 37); sin embargo y para este estudio, japoneses y chinos
difieren en dos aspectos visibles, en la complexión y organización física.
El
japonés por su baja estatura y gruesa complexión, los chinos por su parte son
altos y de complexión atlética. Ambos poseen, empero, un ímpetu comunal-laboral
muy sólido y que, por miles de años de historia de sus naciones, han acumulado
saberes en torno al trabajo, y hoy, los podemos avizorar como empresarios,
dueños de chifas y restaurantes, compañías importadoras y exportadoras,
congregados alrededor de asociaciones muy cerradas, sea el Club “La Unión” o el
Colegio Peruano-Chino “Diez de Octubre”, Asociación Okinawense del Perú, entre
otros. Pero una característica interesante es que, en lo posible, los asiáticos
en el Perú han mantenido la creencia de que el chino se casa con el chino y el
japonés con el japonés de igual manera, alejándose del blanco, del negro y del
indígena, tal vez por un cierto instinto de preservación racial y de sus
tradiciones, una muestra clara de nuestra declaración sobre el principio de la
alteridad entre grupos dentro de un mismo territorio.
Por
su parte, los pobladores negros en la costa peruana aparecen en el espectro de
las ciudades de Lima, Trujillo, Lambayeque, Jequetepeque, Santa, Cañete y Pisco
a fines del siglo XVI. Solo en Lima, a fines de la Colonia, en 1792, eran
13,749 esclavos, identificándose a Lima por momentos como una ciudad
parcialmente negra (Aguirre 2010: 22), además de la ola migratoria hacia la
capital en los años 50, donde el grueso de la población que migra a la capital
es indígena, por la crisis de postguerra que rebotó en la economía peruana y
cuyo fenómeno engarzó con la simiente del terrorismo de los ochentas, amén de
sequías y desaciertos políticos de los gobiernos por crear trabajo y dar
tecnología e infraestructura en zonas agrarias principalmente.
Dados
estos momentos dinámicos de la actividad de pervivencia, tienen los limeños una
mezcla muy particular, rastreándose casos donde las cuatro razas imperantes se
han interceptado en el camino abierto del nacimiento de un ser. Esta
transacción genética conlleva, no solo a una cuestión de estéticas faciales y
de múltiples complexiones por cierto interesantes o de graciosa diversidad.
Pues, también a estos diferentes aspectos genéticos y físicos se le adjuntan
otras de orden abstractas y subjetivas de transmisión de la información que
pueden estar muy relacionadas a la herencia histórica, tales como la
supervivencia, la valoración del trabajo, las luchas sociales, la simbología de
sus culturas. Es decir, las historias de
las naciones y, sobre todo, el peso de las diversas memorias colectivas que de
algún modo pueden ahora, en el 2012, configurar un tipo de pensamiento de
extremos, entre progresistas y conformistas.
De
ahí, una serie de nuevos sentimientos patrióticos han tomado vigor y son
mayormente compartidos y expuestos por ciertos artistas de la gastronomía, de
la farándula, de los viajes y albergues, abanderando un resurgimiento de
nuestros hábitos culturales ancestrales y la geografía. Sin embargo, pensamos
que este acuñamiento por parte de los medios que han convenido en llamar la
“Lima emergente” por el colorido de las mediaciones chichas, está aún lejos de
ser parcialmente cierto.
6.
Demografía infantil indígena y el perfil del niño
limeño
Los
peruanos que tienen menos de 18 años son 8’410,904, siendo el 32.6% de la
población total. Por su parte, los niños, niñas y adolescentes de 3 a 17 años
que tienen una lengua materna originaria son 1’046,639, representando el 26%
del total de la población indígena (ONU 2007).
En
las comunidades de la Amazonía, el 46.9% de quienes tienen como lengua materna
el asháninka y el 47.5% de quienes tienen como materna otra lengua originaria
amazónica son niños, niñas y adolescentes de 3 a 17 años. Esta proporción
resulta bastante mayor a la registrada entre los quechua hablantes (25.2%) y
Aymara hablantes (19.3%). Más aún, estos dos últimos porcentajes son menores al
observado entre los pobladores que aprendieron a hablar en castellano (34%).
Este hecho podría estar vinculado a que las poblaciones Quechua y Aymara, por
un lado, tienen tasas de fecundidad menores que las poblaciones indígenas
amazónicas, y por otro lado, a que podrían estar más expuestas a la pérdida
intergeneracional de las lenguas maternas originarias. Es probable que el mayor
contacto de estas poblaciones con entornos urbanos y el acceso a la educación
formal en castellano, sean factores asociados a esta decreciente transmisión de
la lengua quechua y Aymara de padres a hijos. Esto podría estar invisibilizando
un mayor número de niños, niñas y adolescentes que no son considerados
indígenas, porque tienen como lengua materna el castellano, aunque crecen en un
entorno familiar indígena.
Este
universo rural de niños según de UNICEF, nos permite establecer en buena forma
el perfil del niño limeño de hoy. Este niño invisible por su migración a la
urbe, comúnmente conocido peyorativamente como cholo, serranito, indiecito o
piraña, es ahora protagonista principal de este panorama limeño del que
hablábamos al que los medios llaman como emergente.
El niño de hoy, mitad provinciano con un apellido español y otro quechua o
Aymara, crece con y como el limeño que “desea ser”. Este niño se va adaptando a
diversos factores de transformación psicológica, genética y de tendenciosa
pertenencia étnica, de acuerdo a cinco puntos que hemos establecido y a
continuación enumeramos:
1. La
moda (ajusta su complexión a los estándares corpóreos occidentales).
2. La
escala social (evita ser identificado como migrante y es aspirante).
3. La
pervivencia en la urbe (aprende la mayor cantidad de modos sociales).
4. El
grupo de pertenencia (se agrupa en torno a quienes le dan reconocimiento).
5. La
tecnología (aprende a manejar aparatos sofisticados).
7.
Derecho de la niñez indígena a la identidad y al
progreso
Nos
preguntamos si existe alguna razón por la cual, en términos de identidad, el
niño amazónico es a veces desposeído de su afiliación natural con el Estado.
Según el Censo Nacional 2007, descrito en el estudio de la ONU, entre la niñez
quechua y Aymara de 3 a 5 años la proporción que no tiene partida de nacimiento
es relativamente baja, la situación es completamente distinta entre los niños y
niñas asháninkas y de otras lenguas originarias de la Amazonía de este rango de
edad, donde más del 20% no cuenta con partida de nacimiento. Entre los niños y
niñas mayores de 5 años de edad de estos grupos poblacionales, se registra una
importante reducción en la incidencia de la indocumentación. Según el II Censo
de Comunidades Indígenas de la Amazonía Peruana, la situación descrita tiene
una incidencia mucho mayor en el caso de la niñez indígena menor de un año de
la Amazonía, donde el 44% no cuenta con partida de nacimiento. La falta de
registro de los niños y niñas menores de un año aún constituye un importante
problema en dichas comunidades. (UNICEF 2007).
De
este mismo modo el blog www.inversionenlainfancia.net/web/blog, denuncia que alrededor de 300 mil de estos niños no
poseen partidas de nacimiento. Se nos ocurren al respecto que puede pasar por
un tema de negligencia de los registros de partidas de nacimiento para mediar
con el gobierno regional de Loreto, o es que acaso existen intereses detrás, de
parte de ciertos grupos por la trata de niños o la explotación riesgosa de los
mismos. Lo cierto, próximo y más acertado de contemplar, es la importancia que
tiene el niño a su identidad como parte de una misma nación, rica en
diferencias étnicas.
La partida de
nacimiento es el primer papel formal consensuado de pertenencia que explica que
el niño es futuro ciudadano peruano con padre y madre. Esto, a su vez, explica
que cada niño tiene -dentro de un Estado en el actual paradigma de la protección-
derecho a la identidad y que está escrito. Este tipo de conciencia está en las
mentes de muchas madres y padres que frente a ciertas limitaciones, no
contemplan que un niño que llega al mundo sea promesa de un futuro mayor.
Cuando son abandonados por el Estado, es análogamente propenso a ser abandonado
por la familia. Victima fácil y vulnerable al abandono de los padres, de uno o
de ambos. El derecho a la identidad está contemplado en el artículo 7 de la
Convención y está jurídicamente ligada a la idea de pertenencia étnica, señala
la Convención sobre los Derechos del Niño, artículo 7, parte I: “…1. El niño será inscrito
inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un
nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a
sus padres y a ser cuidado por ellos…”[4].
8.
Los asuntos étnicos contemplados en el CIDN
En
el tercer acápite de la Convención Internacional de los Derechos del Niño
(CIDN) se resume que todos los niños y niñas tienen los derechos recogidos en
esta, no importa de dónde sean, ni el sexo o color de piel, ni qué lengua hablen,
ni la situación económica de su familia, ni sus creencias o la de sus padres,
ni si padecen de alguna minusvalía. Existe una buena lista de elementos
necesarios con un amplio rango de derechos. Sin embargo, en la práctica hay
aspectos que aun no se cumplen, si aún existen escuelas en distritos muy
alejadas de las capitales, donde los alumnos tienen que movilizarse a pie desde
sus alejados colegios a sus hogares. Las inversiones públicas en estos lares
son pobres. Observamos cómo en colegios de un nivel socio económico A los niños son recogidos en movilidades o
vehículos hacia sus centros educativos, donde en promedio llegan a pagarse
hasta 2,000 soles la mensualidad. Por lo contrario, en las escuelas de
provincia, los profesores no pueden realizar sus clases, ya que en ocasiones el
Estado no les provee recursos necesarios, ni pizarras, ni tizas para poder la clase,
por lo que al final el colegio funciona como una especie de albergue o de
centro recreacional, en tanto el niño retrasa su aprendizaje o no recibe
ninguno (Thorp 2009).
Pero
¿cuál es el elemento étnico que atraviesa este orden?: La separación
estratégica del indígena cholo, o indio sin mezcla, que no puede acceder con
comodidad a la educación. Se infiere que la geografía es lejanía, difícil de manejar
por lo que el ojo político se preocupa por desalojarlo y que en lo racial el
niño indígena-cholo no tiene derecho a la buena educación, porque no debería de
asumir un cargo de importancia, que en lo económico solo las clases herederas
del sistema oligárquico enganchadas al poder, pueden acceder a la mejor
educación con detalles en ciencia y tecnología.
Concluimos,
tempranamente, que el indígena a diferencia del blanco típico limeño (que
mantiene mezcla también), es pobre y marginado. Por lo tanto, no hay ningún
sistema público que garantice su perfil profesional futuro; por ello es materia
urgente de sus padres mandarlos a Lima y con prontitud que aprendan el
castellano, olvidando su lengua y proveniencia y que a como dé lugar se adapten
a la urbe.
9.
LA LIBERTAD DEL NIÑO EN TANTO CONCIENCIA, RELIGIÓN Y PENSAMIENTO
El
catorceavo artículo de la CIDN habla sobre la libertad de conciencia, religión
y pensamiento, que las autoridades deben respetar el derecho de los niños a la
libertad de pensamiento, conciencia y religión, de este modo los padres podrán
aconsejarles sobre lo que es mejor. El niño hasta los doce años comúnmente
tiene un solo referente religioso: el de los padres. Los padres son los que
transmiten al niño el componente religioso a partir de la creencia heredada
o adquirida. En la capital la religión
católica se conoce como la de mayor influencia, seguida de los grupos
cristianos evangelistas que se colocan en segundo lugar y quienes incrementan
su masa crítica paulatinamente (Bloom 1991). Otras iglesias, como la alianza
misionera, los mormones, la iglesia baptista y las sectas de la nueva era,
siguen la línea en menor orden, pero en similar ritmo creciente. Las iglesias
en el Perú son campos simbólicos manifiestos de la religión americana, existiendo
hasta siete iglesias poderosas revelándose a través de las decisiones de
políticos, corporativos, empresarios y publicistas, por lo que su arribo en el
Perú es tan atractivo como prolífico.
Solo
en Pozuzo, distrito de Pasco, se llegó a
contar unas 4 construcciones de iglesias cristianas de distinta dirección, y
dos católicas. Estas últimas solo congregaban a la clase alta de la localidad,
donde descendientes de alemanes y húngaros se reúnen para hacer posteriormente
la tertulia del domingo. Otro día, las iglesias católicas allí no abren, se
limitan a una sola misa los domingos a las 9am. En cambio, las cristianas abren
sus puertas diariamente y congregan la mayor parte de habitantes oriundos, por
linaje.
El
niño adquiere esta nueva dinámica de la práctica mística entremezclada hoy con
la americana. Los padres trabajadores imponen a los niños su nueva religión,
por ello es muy apresurado hablar de que el niño puede ser consciente de
escoger. En teoría lo haría ensayando una figura agradable de Dios, pero en la
práctica pura, no. De otro modo, tendría que preguntársele a profundidad, sobre
el sentido de la vida, el sufrimiento y la muerte, preguntas que comúnmente
conllevan al ser maduro a la práctica religiosa. Al niño no debería imponérsele
la religión, sin embargo por la creciente del evangelismo, los grupos indígenas
y mestizos recurren a estas iglesias encontrando un sentido de pertenencia, o
expiamiento sobre su raza la que está, desde hace mucho, laceradas. Hace 500
años la idolatría al sol fue castrada, luego se recicló en mitad idolatría y
mitad Cristo-Dios, porque se conservaron símbolos; la hoja de coca, el culto a
la tierra (la pachamama) y al Apu, mayormente en la sierra. Cuando el
inmigrante arriba a la capital, solo tiene la opción de ser evangelista, porque
tal vez lo encuentra más alejado de las misiones católicas, que en su siglo
trataron de configurar las mentes de sus ancestros con la capa del monje, la
cruz y la biblia, afilando la ensangrentada espada del soldado.
Ya
no hay luna ni sol en qué creer, porque sería ilógico y esquizofrénico para él
y para el flamante entorno social, tener que retornar al viejo culto. Pero
muchos no pueden vivir sin fe, es parte de la naturaleza humana. De otro lado,
el desprestigio de las iglesias como la católica,
sobre visibles y excesivos adornos barrocos romanos, sociedades de poder
político católico, pederastia y célibes falsos, acrecienta la excusa de que la
iglesia católica no es sino la mejor representación del poder occidental en
tierra ajena, por lo que el indígena se va apartando del símbolo arquitectónico
católico, o sea, de la catedral, parroquia, Iglesia y sagrarios
dorados y, además, de la gente que la circunda (blancos) para reunirse en casas
o locales alquilados, modestamente adornados solo para añorar al Taita Jesús,
en quien sí pueden confiar.
10. la libertad de asociación y la
pertenencia adquirida
El
artículo 15° de la Convención sobre los Derechos del Niño explica que los niños
pueden asociarse libremente, crear organizaciones y reunirse pacíficamente con
sus similares, siempre que estas actividades no vayan en contra de los derechos
de otras personas.
La
frase final sobre si estas asociaciones puedan ir en contra de los derechos de otras personas,
se presume contra la moral, una moral desde las enseñanzas bíblicas o una moral
de sentido común. A su vez, se visualiza como contradictorio, cuando ha habido
varios ejemplos en que cuando los niños asociados o reunidos por entidades
sociales de ayuda no han encontrado el asidero social suficiente para
permanecer en la conciencia social colectiva.
El
tema de la reinserción implica una geografía adecuada, vecinos comprensivos,
una conciencia moral adulta cuyos temores no obstaculicen los objetivos de la rehabilitación, o el cuidado de estos chicos que, como
sabemos, son niños que se agrupan en torno a edades debajo de los 18 años, como
la misma Convención lo indica, y por sobre todo, niños que buscan un sentido de
pertenencia.
Varios
grupos se encuentran asociados de este modo, desde aquellos con fines de
protección laboral y otros, de extraña naturaleza, pero que también otorgan
pertenencia y diferenciación, y que
sostienen ciertos aspectos étnicos regulares. Por ejemplo, la YMCA (Asociación
Cristiana de Jóvenes) esta conformadas por hijos de profesionales y técnicos de
clase media; al otro extremo, las barras bravas, por pandillas mayormente
conformadas por hijos de indígenas migrantes. Este es el lado dañino de la
agrupación en torno a la pertenencia a
lo que Sartori denomina como alteridad. Constructo que supone la identificación
de la existencia individual y colectiva en relación a otro grupo, de la cual se
diferencia y, mejor aún, a la cual margina. Los jóvenes del Club de Fútbol
Universitario de Deportes en relaciones de fuerza con los del Alianza Lima. Los
“nativos americanos” frente a los inmigrantes hispanos. Los francos o franceses
frente a la ola musulmana desde los países africanos y del Medio Oriente.
Francia,
por ejemplo, hace unos años ha adoptado una medida interesante y agnóstica de
no permitir ningún símbolo religioso en los rostros, ropas o fachadas de casas,
en suma, en ningún sitio de la Francia pública. Vargas
Llosa cita la experiencia de unos niños musulmanes que son impedidos de entrar
a la escuela con los típicos velos en los rostros en un colegio público
francés. La intolerancia frente a otras religiones dentro de un mismo espacio
geográfico es discutida. Por un lado, señala que el inmigrante debe adoptar las
normas del país que lo acoge y le permita desarrollarse como en su país ya no
puede (Vargas Llosa 2010). Por otro lado, está la concepción de que si estos
migran es, justamente porque Francia o cualquier otro país desarrollado lo
permite, porque ha hecho por décadas dependiente a ese país del cual estos
nuevos habitantes emigran, eso implica que aparte de darle cobijo deberían
tolerar sus costumbres religiosas.
De
plano el temor es cultural, de congregación, de ideología, de terror al vecino
en territorio interno, bien cita Maquiavello en “El príncipe” que el príncipe
triunfante debe de extirpar las creencias del pueblo subordinado. El símbolo
religioso oculto, empero, podría explotar peor en el seno de la familia. La
salvedad no es el niño. El niño es el producto que estará en la fina línea de
la práctica parental o la práctica agnóstica u otra forma religiosa del país
dominante, cuyo resultado es desarraigo, no-identidad, conflicto existencial,
posible retorno subconsciente al terruño, sueños, pesadillas y violencia, todo
tipo de malestares psicosociales se yerguen en la mente del niño como producto
de este cruce simple, pero complejo, de iconos por mucho incompatibles.
11.
Los niños sin familia
El
artículo 20° de la Convención sobre los Derechos del Niño, dice, en breve, que
los niños tienen derecho a una protección y ayuda especial en el caso de que no
tengan padres o que éstos no estén con ellos. Esta ayuda tendrá en cuenta su
origen cultural o étnico. Estas salvedades, no tienen asideros en el momento de
que el Estado alberga a un niño, tal vez sí lo tenga cuando es adoptado por una
familia sustituta. La ayuda de acuerdo a su origen cultural o étnico, nos lleva
a plantearnos sobre la existencia de alguna escala subjetiva en la calidad y
cantidad de ayuda para los niños, de acuerdo a su origen cultural. Es complejo,
porque estamos hablando de cultura como expresión manifiesta de la lengua, de
la geografía, de la vestimenta o del legado precolombino que antecede y han
dado cobijo natural, por historia comunal, a los antecesores del niño y aún a
este mismo.
Por
otro lado, lo étnico se entiende por grupo de personas que comparten genes
parecidos o pertenecen a una casta o clan familiar de una misma raíz. ¿Qué
brechas políticas se encuentran entre la etnia como conjunto y la raza como
linaje? ¿Qué las diferencia y quiénes les otorgan estas escalas de apoyo de
acuerdo a su etnia?, cabe señalar que entre etnia y raza solo dista la idea de
comunidad y parecidos en la complexión, las que explicamos al inicio de este
trabajo. De algún modo, las diferenciaciones son cuestionables, porque la idea
de niño en su interés superior es indivisible.
La
Convención, aparentemente, busca salvaguardar ambas categorías pretendiendo
conocer la diversidad de la cuestión étnica. Una determinada etnia de la selva
no tendrá los mismos intereses sociales que otra de ciudad de la sierra, ni
otra de ciudad de la costa; empero, ¿no se debería acaso estandarizar esta
ayuda?, considerando que la niñez si, bien es diversa y compleja, posee las
mismas necesidades: salud, educación, identidad y alimentación de primer orden.
El Estado debe de comprometerse a elaborar políticas de investigación en torno
a estos factores en cuestión, sin importarle la cuestión étnica, pero sí
salvaguardando la memoria histórica del niño. En resumen, lo étnico puede servir
de excusa para exceptuarlo de toda tecnología educativa, por lo tanto, es otro
factor de expulsión y de extrañeza para el joven andino. En un trabajo del Luis
Tejada se le preguntó a una adolescente estudiante amazónica: ¿“Cómo hace para
mantener su lengua y cultura”?. Respondió: “Con el pensamiento” (Tejada 2004).
12. La paradoja de las minorías étnicas o
religiosas
El
artículo 30° del Convención sobre los Derechos del Niño declara que si el niño
pertenece a una minoría étnica o religiosa, se debe respetar su derecho a vivir
según su cultura, practicar su religión y a hablar su propia lengua. El niño
perteneciente a una minoría étnica ha adquirido el derecho, aunque natural,
antes que se hayan desarrollado la jurisprudencia clásica, de ser parte de una
comunidad simbólica con sentido en base al mito. Nos preguntamos si este
derecho, acaso otorgado, no contraviene a la modernidad que rebasa el límite de
la jurisprudencia y hace al sujeto de derecho un sujeto con deber al aparato
cultural, que le exige cómo vestirse, cómo comportarse, que no puede pintarse
el rostro en señal de rito, celebración o de vinculo comunitario.
Un
habitante Yanesha de la selva central, por ejemplo, no querrá vestirse como tal
porque sabe que su orden en el aparato comercial y de actor integrante de la
sociedad, lo exime de ciertas gracias laborales; por tanto, lo que ofrece como
ente de un cuerpo comunitario autóctono es su rito, pero ya no como una
conexión global y armoniosa con la tierra, que sus vecinos compartirían, sino
como asunto de vitrina, de transacción turística: cada vez que existe una
festividad propia a la tribu o a un feriado cualquiera, se vestirán como lo era
antes de la entrada firme de la modernidad, para así atraer turistas, miradas,
vender artículos, vestir a la gente, divertir, y luego guardar cada objeto en
el dispensador de sus tiendas o ofrecerlos en venta, cada vez que un visitante
desee comprarlos, enseñándoles a sus hijos a perpetuar el mismo negocio.
Entonces
el rasgo simbólico de la etnia tiende a desaparecer y a incorporar otros
símbolos de otra etnia: es decir, estamos enfrentándonos poco a poco y vamos
presenciando cómo en 500 años la camisa, el pantalón, el jean y el frac sigue
invadiendo cada recóndito pasaje de nuestro Perú, relegando el uso de los textiles,
largas faldas y polleras típicas a cada región y tribu; el mito simbólico de la
étnico está pasando progresivamente a un plano de atracción turística. No
depende de que se le respete su minoría étnica, porque esta ya fue hace tiempo
trasgredida por el discurso de la modernidad. De este modo, el niño no tiene
mejor elección que dejar atrás tales prácticas.
Dicho
esto, el niño puede subsistir de su etnia, pero sabe que ya no de sus símbolos,
porque debe ir a un colegio y debe vestirse de acuerdo a un código
preestablecido. El niño se prepara para la modernidad, para el internet, la
moto, el trabajo en la ciudad aledaña, para después tener una familia bajo
estos parámetros, alejándose de aquel legado simbólico ancestral, incluso,
cuestionándola. Otra pregunta gira en términos de lo que este niño precisa
ahora, para poder formar una familia y enfrentar los enemigos de esta.
Se
le preguntó a una habitante de 65 años de una tribu Yanesha, por qué vendía un
arco y unas flechas hechas por su esposo a 50 soles: esta respondió: “Porque él
está viejo y ya no la usa, la usaba para cazar”. -¿Y los hijos?, “…no, estos ya
no cazan, trabajan…”, los hijos en la historia de esta señora yanesha saben el
español y visten a la moda. Se adecuaron al molde moderno y deben perder, lo
que en este trabajo queremos apuntalar, como la raíz y la estirpe verdadera de
un niño, en una geografía geométrica definida, en una línea histórica de tiempo
y de un mismo linaje, con una misma genética y de rasgos físicos y estéticos
casi puros: la confrontación con la tecnología.
13. El conocimiento mágico del niño de la
calle
Todo
ambiente es una jungla. Levi Strauss citaba una frase de los niños de una
comunidad nativa indio norteamericana: “…estamos entrenados a prestar atención
a todo lo que está a nuestro alrededor…” (Levi-Strauss 1966: 25). Este no es un
instinto de supervivencia, precisamente, es un aprendizaje que los provee de
una inteligencia compleja para no solo defenderse del medio, que sería el
principio de su desenvolvimiento, sino que además puede identificar aquellos
agentes que, aparte de poder representarles algún peligro, pueden crear en él
el efecto de la sorpresa.
Por
lo tanto, sentir el tema de la sorpresa y adjudicarle la gracia de la sensación
(aquí se puede hablar de religión, pero como este no es el caso exacto),
podríamos afirmar análogamente que el niño de la calle es entrenado –a fuerza-
a poner atención a los elementos que conforman su entorno y estar, no solo
alerta sino hasta disfrutar de ciertos eventos en cierta medida: la calle, el
policía, el ladrón, los vendedores, los dulces, los autos, las chicas, otros
niños, otras niñas, flores, aromas, ambiente, frutas, etc., para obtener el
máximo beneficio de esta. La pregunta es entonces: fuera del marco de expulsión
familiar que los llevó a salir de sus casas, ¿cuáles son los peligros y
beneficios que tiene el niño de la calle frente a la experiencia personal que
experimenta?, pues este conocimiento, inmensamente rico, le da incluso una
apertura de conciencia ampliada, pero que amerita ser guiada, salvaguardada, y
él también, esto incluye además a los niños trabajadores.
También
tomemos en cuenta que este niño no puede estar solo y necesita de otros para
poder agruparse y crear una comunidad dentro de la cual, no solo se protege,
sino, además, comparte y valida su conocimiento. Entonces, está de pronto
inmerso en un ente colectivo: tiene pertenencia de grupo y una membrecía o
jerarquía dentro de él. Tal vez el problema para el lado negativo de la
alteridad, pase porque las leyes que la autoridad de una ciudad impone, les son
totalmente ajenas a su perspectiva del mundo. Puede transgredir sin
remordimiento cualquiera de ellas, ya que jamás convino que la autoridad en
casa era justa con él.
Por
otro lado, Levi Strauss menciona un hecho interesante que se refiere al Bricolage o arte manual que se eleva por
encima del sujeto joven para darle una figura o imagen de recuerdo simpático a
su desempeño social. Este bricolaje es en parte arte, pero además,
conocimiento. Este conocimiento que se expresa no en un bricolaje natural de
arboles y maderas, propiamente, sino que para el caso de estos niños se puede
visualizar a través del grafiti o pintas en las paredes. Esta técnica tiene por
lo menos 30 años de haber sido concretada como técnica pictórica, pero no
validada como arte formal sino a partir del año 2000. La imagen del grafiti es
el puente para la comunidad de la calle para poder explicar un tema subyacente
a su propio ambiente. En una imagen de estas se visualizan hombres, besos,
letras, profundidades, espejos, colores muy llamativos, tristezas, pistolas,
animales salvajes, etc. Es el tótem que no pueden esculpir en la jungla y que
en la única jungla que tienen y dentro del cual pueden esculpir, es la pared
rasa, vieja o recién pintada de algún vecino desprevenido o construcción
abandonada.
He
aquí una función mística de desplazamiento donde el niño transmite conocimiento
a partir de su experiencia fenomenológica con la calle y la convierte en imagen
como lo haría cualquier pintor urbano formal de renombre. Solo que el lienzo es
la pared, el pincel y el óleo, es el aerosol, como la representación icónica de
Cristo es la representación del ser interior. Así el niño a través de estas
imágenes busca expulsar demonios, reconocer cuál es su sentido profundo de
pertenencia, mejor aún, de existencia, y sentir que su obra puede ser vista y
reconocida como símbolo de poder territorial o de mediación hombre - medio
ambiente. Sin querer, nos acercarnos a un tema mágico, el sujeto joven desea
ejercer sobre el ojo de la gente la influencia del poder estético y de
veneración, un valor mítico que la imagen resulta para ellos y para su propia
comunidad o para otros parecidos que los ven, los identifican e intentarán
mejorar.
14. la herencia genética etnográfica y
poblacional
La
genética de poblaciones nos provee una explicación sólida para argumentar la
resistencia de los portadores de nuevos genes: los niños. Esta rama de la
genética tiene como objetivo describir la variación y distribución de la
frecuencia alélica o de predominancia genética, para explicar los fenómenos
evolutivos en los sujetos. Para ello, define a una población como un grupo de
individuos de la misma especie que están aislados reproductivamente de otros
grupos afines, en otras palabras es un grupo de organismos que comparten el
mismo hábitat y se reproducen entre ellos. Estas poblaciones están sujetas a
cambios evolutivos en los que subyacen cambios genéticos, los que a su vez
están influidos por factores como la selección natural y la deriva genética que
actúan, principalmente, disminuyendo la variabilidad de las poblaciones, o
migración y mutación que actúan aumentándola variadamente.
Cabe
destacar, según este principio, que la pérdida de variabilidad genética en las
poblaciones trae consigo dos graves problemas: primero, corta la posibilidad de
que el hombre pueda realizar el mejoramiento genético en la especie, y segundo,
disminuye la eficacia biológica de las especies ante nuevos cambios
ambientales. Lo que Ridley afirmaba sobre el supuesto que la finalidad de la
especie es su preservación como tal, y no sobre la base del progreso
intelectual, necesariamente, sino en que tan fuerte se hace a sí misma en la
conquista (Ridley 1999). Esto se puede demostrar en forma empírica si observamos
cómo nuestra población indígena ha resistido los tiempos vehementemente propios
a la conquista, a la colonia, a la etapa de terrorismo, las sequías y demás
problemas sociales y geográficos que en ellos han construido el acto de la
resiliencia mas admirable de los seres humanos de los últimos tiempos. Ya que
si bien tal historia puede traer colas sociales no deseables, crean y
fortalecen a su vez la psiquis andina, más no la genética, sobre la base del
trabajo, la superación personal de la humillación, el entendimiento del
comercio a través de la superación de los prejuicios y sus perjuicios.
Dos
niñas en el Jirón Puno de Lima una mañana de febrero se encuentran vendiendo un
par de productos con sus vestimentas típicas: pan serrano y tunas. A la media
hora una de ellas busca otro sitio para expandir la venta llevándose solo el
pan y al hermanito menor de la mano. Es éste el elemento pujante de nuestra
raza indígena; o sea raza como etnia, que se vuelca a la capital por el hecho
de que sabe o cree que el progreso esta aquí, sin embargo, este elemento
pujante no garantiza su fortalecimiento genético poblacional. Esta movilización
representa en el poblador indígena todo un cambio en su enfoque de pensamiento
y en su metabolismo. Decimos enfoque, porque es la etnia o la fracción étnica
la que migra y desarrolla una mirada distinta de la vida.
Este
encuentro contiene aspectos claves, porque si bien persiguen el progreso, los
migrantes piensan a la vez en diversos sentidos, producto del miedo natural a
la muerte o, si no, se le llama superación personal o ansiar el rápido cambio
de pobre a rico. Un aspecto identificado es la búsqueda de terreno, y en este
sentido no interesan las leyes, está bien traspasarlas porque culpan al Estado,
quien es el responsable de su arrinconamiento en el fondo de la pirámide
social. Invaden tierras, previamente se les promete, generalmente es el
traficante de tierras quien les cobra un cupo. Este proceso les hace concebir
enseguida la idea de enviar a hermanos y familiares a invadir otros terrenos y
de esa forma poder conseguir mayores anclajes de vivienda. La interacción con
la calle aviva suspicazmente la conectividad del hombre con el hombre, su
desligue con su geografía y las tradiciones activan para sí momentos de otras variantes
que a la larga llevan a adelgazar los vínculos afectivos con estas.
La
creencia es que los niños propios a una comunidad andina y que crecen en
romance con la naturaleza, quiebran este proceso. Traídos a la capital, el
contacto con las fuentes de sabiduría propias a la observación por siglos, se
adormece, por tanto el reemplazo de paisaje, de urbano a rural, resulta muy
agudo, dada la fuerte escisión que sufre el yo en el rompimiento.
Por
otro lado, este proceso además reconfigura su mito. Se pasa del amor a la
tierra y a la libertad, al amor impuesto al código o por ejemplo al dress code, porque saben que las marcas
lo dicen todo o lo saben todo. Así, el elemento étnico simbólico de la
vestimenta, como las fuentes de conocimiento, como la oralidad, es reemplazada
por jeans, ternos, celulares y gafas.
De
las maneras en que los miembros de una comunidad o comunidades se congregan
alrededor de la capital, de acuerdo a la teoría de la genética poblacional
y a la teoría de la transmisión
genética, la población estaría debilitando su propia raza, o lo que de ella
queda, en este caso específico, el indígena. Dicho de otro modo, el elemento
migratorio no necesariamente implica superación. Por lo pronto, este amasijo
étnico alrededor de la raza indígena pura, no mestiza, estaría debilitándose
sino encontrara los linderos de asimilación en sus propias tierras, al no poder
hacer prevalecer los ritos mesiánicos que ayudaban a los indígenas a quedarse
en sus propios pueblos hace 2,000 años atrás.
La
resistencia en la propia tierra, hace del genotipo en la postrimería
cronológica de la raza su mejor agente de fortalecimiento. Todo agente
biológico que está inserto dentro de un sistema mayor, tiene por regla general
tres opciones en la lucha por la vida: primero, o refuerza su metabolismo con
el tiempo y enfrenta los ciclos amenazadores del sistema mayor, adaptándose, o,
segundo, bien muere. Tercero, y en el mejor de los casos, migrando
a otros sistemas más débiles, amigables o convenientes para poblarlos.
Pero esa no es sino la vía mediante la cual dicho conjunto étnico empieza un
proceso de adaptación, desde cero, y deja de lado las posibilidades mínimas de
cambio genético a las transformaciones en el cuerpo que desafían mejor el medio
en el que viven. En nuestro caso, sucede esto en pobladores más capacitados
física y mentalmente por la experiencia y los lazos de parentesco fruto de la
herencia.
La
directriz de la genética de poblaciones, la establece la Ley de Hardy-Weinberg[5].
En tanto a lo que ellos llamaron el equilibrio de poblaciones y que explica que
en una población panmíctica[6],
suficientemente grande y no sometida a migración, mutación, deriva génica o
selección, las frecuencias génicas y genotípicas se mantienen constantes de
generación en generación. Cuando se
cumplen estas condiciones, se dice que tal población está en equilibrio.
Hardy-Weinberg concluyeron, además, que también son los cambios menores entre
especies de generación en generación y en largos periodos de tiempo, que puede
resultar en la transición gradual a nuevas especies.
Esto
último invita pensar que cada cambio singular en el modo en que se congrega una
población a través del tiempo, se producen, por efectos de la adaptación
progresiva, ciertas características físicas nuevas a la especie. No pretendemos
hacer un estudio de forma, solo queremos, a grosso
modo, decir que la fortaleza de la etnia reside en los cambios que ella
hace sobre su propia geografía sin alterar, como dice Hardy, sus móviles
sociales y sexuales comunes. Por mencionar en contraposición al menos un
aspecto clásico: cuando no existe migración dentro o fuera de la población[7].
Las nuevas
poblaciones de niños en nuestro medio arriban debilitadas por los efectos del
cambio geográfico matriz de todo su universo simbólico de sentido y mito, y en
el proceso se apareará con otros con deficiencias similares. La conciencia que
esto deba despertar en toda entidad de protección, radica en no solo alentarlos
en su persistente aventura, por ser ahora citadinos, sino que hay que darles prácticamente
de amamantar porque se enfrenta a cambios drásticos de geografía que suscriben
enfermedades, amenazas urbanas, nuevos perjuicios y prejuicios, por lo que su
salud en general sufre el avatar del cambio geográfico.
Los genes
se nutrirán de este nuevo cambio, pero este proceso no garantiza la permanencia
de la misma población en el tiempo. El genotipo persiste en tanto forma, pero
la información de los genes transfiere conductas tales como la resistencia a la
pobreza o las distorsiones que son fruto de la marginación y que puede recaer
en problemas tales como la delincuencia o enfermedades físicas, en todo caso.
Es
necesario que el niño sea líder de su propia comunidad y conocedor experto de
su geografía, que cuando sea adulto transmita a futuras generaciones las
huellas dejadas por las propias
tradiciones; que deba ser el nuevo jefe o alcalde o el neo-curaca de su tierra,
para ello la tecnología debe ayudar a no trasgredir el pensamiento de la rica
herencia ni a comercializarla como un bocado exótico de vitrina, sino a saber
que su fuente étnica es la fuente más pura de su propio desarrollo y que apoya
la noción de un país diverso pero fuerte, por tanto su bricolage no deba ser sino la manifestación más saludable de su
pensamiento etnohistórico y genético.
15. La asfixia infantil por su gen cultural, la
integración y la inclusión
Nuestro país es muestra de
una pieza multi-étnica que determina la permanencia pacifica de los lazos sobre
la nación, en el sentido estricto de la palabra, donde subyacen diversas etnias
con tradiciones parecidas, pero entremezcladas y no muy bien reconocidas unas a
otras. Pueden existir descendientes de ciudadanos chinos, japoneses, blancos,
indígenas, zambos y patizambos compartiendo una misma esfera laboral o vecinal,
sin embargo preguntándose cómo tolerarse cuando se trata de emparentarse, de
decidir o de vivir próximos. Una serie de factores despiertan estos afectos,
sea el mediático con su dictamen occidental segregacionista, las creencias que
de una etnia a otra peleándose el puesto de ser el menos discriminado, el
religioso que abarca desde agrupaciones muy selectas, como los masones, hasta
otras que congregan sectores más humildes como las nuevas iglesias evangelistas
las que congregan fieles de acuerdo al cúmulo de conocimiento, estilo de vida y
nivel socioeconómico.
Entonces, frente a este
claro y desintegrado panorama estético o de superficie, el sujeto común peruano
a veces optimiza en decir que esta diversidad, así como los 104 microclimas que
posee el país, otorga a la nación y a sus ciudadanos un sustento magnifico de
colorido cultural muy exótico, excéntricamente turístico y económicamente
prometedor. Pero el tema de integración está muy lejos de esta premisa, cuando
dicha diversidad de etnias no se han soportado por años entre sí, por la
sencilla razón que no comparten hábitos familiares y sociales comunes. La
alteridad rebasa los límites de la tolerancia y esto está demostrado en hechos
palpables de la realidad como lo fue el extremo caso de Bagua: Indígenas vs.
Blancos, o como lo fue el suceso de la parada: empresarios corporativos y
políticos versus empresarios indígenas, o las bromas realizadas al jugador de
la selección sub-20 Max Barrios que apareció ingeniosamente en facebook hasta
en cuadros renacentistas, entre blancos y acomodados burgueses por haber
falsificado una partida de nacimiento. Estos problemas son síntomas claros de
que este colorido étnico, entronizado con la tecnología, a veces es fastidiosa
para algunos sectores porque, evidentemente, no tienen acceso a tales
inversiones en tecnología, autos, viajes al extranjero, turismo, restaurantes,
entre otras comodidades actuales, así, el Perú es solo exótico para quien lo
pueda degustar.
Entonces, los niños crecen
viendo todo ello como un bien inalcanzable, se sofocan en los cerros y
edificios de la intolerancia y el sarcasmo, ya que existen diversas etnias en
diferentes condiciones y tradiciones. En el acápite 3 del artículo 3° de la
Convención de los Derechos del Niño se estipula, en primer lugar, la superación
de la pobreza como primer signo de integración social. Para el caso de un niño
impedido, por citar un extremo, pero que a nuestro parecer es solo el comienzo
paternalista de una unidad de análisis de mayor dimensión que es la integración
social dentro de la asfixia étnica y de tipos, leemos : “…En atención a las necesidades
especiales del niño impedido, la asistencia que se preste conforme al párrafo 2
del presente artículo será gratuita siempre que sea posible, habida cuenta de
la situación económica de los padres o de las otras personas que cuiden del
niño, y estará destinada a asegurar que el niño impedido tenga un acceso
efectivo a la educación, la capacitación, los servicios sanitarios, los
servicios de rehabilitación, la preparación para el empleo y las oportunidades
de esparcimiento y reciba tales servicios con el objeto de que el niño logre la
integración social y el desarrollo individual, incluido su desarrollo cultural
y espiritual, en la máxima medida posible…”.
Esta circunstancia
que vincula la situación real del niño y el compromiso del Estado, tiene como
principal enfoque la cobertura de las necesidades básicas del niño. Para la
etnia, decíamos, el reconocimiento es la palabra clave para su estado de
condición no alterada y de presencia social participativa. En las líneas
finales de este acápite de la convención se dice que un sistema de integración
social, además, incluye en el niño su desarrollo cultural y espiritual en la
máxima medida, línea que describe la fidelización mística que el niño recibe de
su entorno y que integra como valor interno.
Cómo no
pensar en un escenario futuro, si estas condiciones básicas para un niño
impedido no se cumplen. El niño es experiencia de sentido y mito, su propio
cosmos es el cosmos proyectado de la comunidad. Es en él donde se tejen los
siguientes hilos de las generaciones simbólicas en base al conocimiento y la
cultura. En particular, el niño fortalece su comunidad a partir de tres puntos
en concreto: la protección jurídica, la naturalidad de su territorio y el
sentido mítico de su tradición, de esta forma la interacción armónica de las
tres conforman la seguridad atemporal de la etnia. Si la etnia decide desechar
alguno de estos tres elementos claves para su orden social, simplemente la
destruye por anomalía interna, si no lo es por razones de un conflicto bélico
externo.
Pero la
instancia jurídica es un tema delicado, porque la vía que le otorga el cerco
legal de protección para su subsistencia, a veces la traiciona. Parecería
contradecir los principios mismos de la conformación étnica, la geografía; como
decía Rousseau[8]:
“El primero al que tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir, esto es
mío, y encontró personas bastante simples para creerle, fue el verdadero
fundador de la sociedad civil”. Los pobladores a través de los siglos han
debido batallar inteligentemente por este principio de “esto es mío” (lógica de
las invasiones), por lo cual existen siempre las autoridades regionales, las
que ahora respaldadas por entes mayores como el Estado, deben de velar porque
las normas jurídicas respecto a sus territorios conquistados, necesidades y la
salud de sus niños, estén elaboradas en razón de sus condición étnica, propiciando
el conocimiento del Estado y que no sean ellos quienes deban conocer al Estado,
físicamente, acercándose a la capital en búsqueda de tierras.
La
desintegración en el Perú está mal conceptualizada como racismo, pensamos que
eso es un facilismo, hay que concebirla como resultado de un proceso no
entendido de un estado de integración inconclusa, debido a la intolerancia
entre grupos de diversas etnias. De aquí se desarrolla el concepto de inclusión
social como una solución al problema de integración y que el MIDIS trata de
definir de la siguiente manera: “…Es la situación que asegura que todas las
ciudadanas y ciudadanos sin excepción puedan ejercer sus derechos, acceder a
servicios públicos de calidad, participar en la sociedad en condiciones de
igualdad y contar con las capacidades esenciales para aprovechar las oportunidades
que ofrece el crecimiento económico…”[9].
Entonces
reconocer al ciudadano, es reconocer al niño como lo afirma la Convención, sin
excepción, lo que presupone hacerlo gozar en su calidad de protagonista social
dentro de una serie de sub-protagonistas con derecho a la participación del
capital. Para el sujeto, es saber que en el marco del desarrollo económico
peruano, está tomando parte activa de sus frutos. Las disposiciones del MIDIS a
este respecto están bastante orientadas a reducir la pobreza extrema, según
dice su página web, para el 2013 pasar del 7.6% a 5%, mediante los programas
sociales como Juntos, Cuna Más, Pensión 65, FONCODES y Qali Warma[10],
que de la mano del Ministerio de Cultura ayudarían a activar los patrimonios
turísticos de las regiones, restaurarlas e impulsarlas en la medida que existan
probadas posibilidades físicas, sean templos o huacas y todo vestigio concreto
de actividad vital anterior.
La
posibilidad de poder reordenar el tema de integración social mediante la
inclusión social apelando a la memoria colectiva a través del patrimonio, no es
descabellada, pero le es propio solo a un grupo, el indígena. Esta infancia
podría verse con el tiempo mayormente revalorizada, especialmente si crece al
alrededor de fuentes turísticas que impulsen su desarrollo, sin hacer vista
gorda de los grupos comunales que están muy alejados. Sin embargo, en regiones
donde conviven cuatro o tres etnias como lo es, por excelencia el departamento
de Lima, constituye una pieza del rompecabezas muy interesante por su
singularidad, donde la peruanidad se ve atacada porque además de indígenas y
blancos hay negros, chinos y japoneses afincados en diferentes distritos desde
mediados de siglo XIX compartiendo críticas despectivas muy acentuadas.
En la
construcción de un mejor espacio, las diferencias étnicas por mitos
diferenciados, atraen la desintegración, y por
tanto la tarea de la inclusión social es más ardua. Los símbolos e
iconos negros conocidos, por ejemplo, son el baile y la vestimenta típicos al
festejo, al Señor de los Milagros o al Ingá, pero no conocemos la complejidad
de la extirpación religiosa sufrida en la etapa de la esclavitud en África,
cuyos pueblos han practicado religiones
tradicionales universales, tribales y familiares asociadas a la santería y el
fetiche, porque fueron fruto de una teología popular a partir de la historia y
de la realidad concreta de cada grupo étnico. Sus tradiciones no tienen textos
escritos, pues estas son culturas de tradición oral. Sus creencias y
fundamentos están en la memoria de los ancianos, los sacerdotes o los
jefes de tribu: tatarabuelos de nuestros tatarabuelos negros peruanos.
Del pueblo chino y sus
descendientes, sabemos de sus calendarios, de la fabula del dragón extintor de
los males del alma, de la ancestral cultura basada en el Confucionismo y el
budismo –prácticas en extremos ligadas a la contemplación interna-, la
caligrafía y la creencia de los acompañantes guerreros al otro lado del abismo,
sea por ejemplo los 7000 guerreros de terracota encontrados en la tumba de un
emperador en Xian. Este paradigma, quiérase o no, está arraigado en la memoria
genética de los chinos que, hasta hoy, pueblan nuestro territorio bajo la
premisa del trabajo y el sentido benéfico de la vida.
De los japoneses conocemos
la tradición de los últimos pueblos de guerreros samuráis, la tradición del
Bushido, la bravura de los kamikazes, su herencia budista y su maltrecha
memoria de la bomba atómica de 1945, símbolo de muerte y dolor, pero también de
auto-sanación nacional. La memoria de los pueblos no crece en forma vertical,
sino en diagonal, recogiendo de cada etapa una memoria propia a ellos,
mejorándola.
Si no revisamos las
historia de las grandes naciones que agruparon a distintas etnias de reinos,
tanto en África, en Asia y en Occidente y, por historia política y económica en
sus herederos en nuestra propia nación, no podremos encontrar las buenas
prácticas incorporadas de estas naciones en la psicología social de estas
etnias afincadas aquí en el Perú, porque en el fondo lo que cada etnia en su
alteridad está buscando es ser reconocida y no excluida, apelar a cada uno de
los símbolos, fomentar su micro cultura, practicar la tolerancia al prójimo y
reconocer que cada etnia tiene derecho a proponer su propio pensamiento para
ser mejor conocido. Esto ayuda profundamente a que el niño crezca, reconociendo
y valorando su pasado, por lo tanto tener su valor individual como portador de
una memoria histórica migrante de sufrimiento, y también rica en símbolos
extra-nacionales de sentido que los
mantiene en la memoria y que deberá lucir en su larga búsqueda por la
realización personal.
16. Etnia y pertenencia: una perspectiva desde
nuestros niños
Este ensayo está apoyado en
un grupo de niños que nos otorgaron sus pareceres sobre etnia. La primera
pregunta de nuestro focus group fue:
¿perteneces a alguna asociación, grupo, ideología, sociedad u otros parecidos?,
nuestros entrevistados respondieron básicamente sobre los grupos en donde
tienen su permanencia hoy. Además, porque los acogen y les dan educación,
porque los tratan bien y tienen vínculos familiares, como son la casa
Generación y la Comunidad de niños y niñas trabajadores shipibos de Cantagallo,
con sede en el distrito del Rímac.
Cantagallo es el nombre de
un antiguo barrio que existió hasta la década del 60 al borde del Río Rímac,
frente al actual Mercado de Flores, en la vía de Evitamiento, en el distrito
del Rímac. Hace trece años, en una zona eriaza, se asentó un grupo de nativos
shipibos que llegaron a Lima por diversas razones, y creció fuertemente a raíz
de la marcha de los 4 suyos. Poco a poco esta comunidad ha ido creciendo y
ahora alberga a 300 familias que siguen conservando su lengua y, además, siguen
cultivando su arte heredado desde tiempos inmemoriales. Pese a vivir en el medio
del tráfago urbano, los shipibos de Cantagallo no han perdido las raíces que
los une a la selva.
Las nuevas rutas de
pertenencia de los niños migrantes o de aquellos que estuvieron en abandono, se construyen a base de las
direcciones que cada asociación mantiene, a diferencia de los niños, aun sin
hogar aparente, donde sus vidas transcurren en el medio propio, la calle, la
que complicadamente los albergan; o bien pueden haber grupos de niños que
viajan de lugar en lugar buscando trabajo en sus vacaciones de verano, sea
vendiendo caramelos o lustrando botas, quienes también encuentran vivienda en
casa de familiares o amigos en la capital y van incorporando nuevos saberes.
La segunda pregunta fue: Del medio en el cual vives,
¿qué lugares crees conocer mejor y sobre qué experiencias tienes mayor
información? Esta pregunta mantiene la creencia de que en donde el niño se
desarrolla va afianzando una matriz de pertenencia firme y que puede quedar
marcada en su memoria con símbolos propios a una actividad practicada en
colectivo, y con formas propias al espacio físico. Para el caso de 4 de
nuestros entrevistados lo es la tabla hawaiana, el nombre de un fabricante y
los signos acuñados a estas, síntesis de olas, marcas, formas ovaladas con
puntas triangulares, etc.
La mayoría de los niños
entrevistados respondieron gratamente su cercanía con el mar, lo cual es
natural a la mayoría de los niños, especialmente si practican un deporte para
el caso de algunos, el surf, y porque es el espacio donde este deporte se consuma
con talleres, diálogos, concursos y otras cosas que conservan una proximidad
con la naturaleza invariable. Sin embargo, la concreción de la actividad apunta
a cómo ellos perciben su medio como propio, sea para la diversión, pero que
también lo es para las aspiraciones de algunos otros, porque desearían hacerlo,
pero los medios por ahora no se los permiten.
Jean Pierre señaló que:
“…Los lugares que conozco mejor, también en San Bartolo, las experiencias que
he tenido, fue la playa, el skate, fútbol, y también lugares que conozco del
Agustino, el Rímac y… nada más…”.
Otro entrevistado, Jorge
Luis, dijo:, “…el lugar también es San Bartolo, también por la playa y por el
skate… por el rincón… hacemos tabla, skate, fútbol y dentro del colegio hacemos
básquet… y eso es lo que me parece bacán…por toda la playa…”. Tal vez aludiendo a un colegio cerca de la zona de su
vivienda y que los lleva a practicar deportes en los alrededores de la playa.
Otros
niños expresan su familiaridad con el parque por el tiempo y espacio de
esparcimiento que les ofrece y porque pueden practicar su deporte favorito que
es el futbol. Aquellos que afirmaron realizar el surf, refuerzan la idea de que
la integración de las etnias puede darse en torno a ciertos factores tales como
el amor por el territorio, la educación
y el aprender a realizar una actividad nueva, y la otra constante importante es
de integración con el deporte o aprendiendo a compartir las habilidades en un
sano ambiente de competencia.
El deporte
está asociado a una idea de nación. No es ajeno pensar en el futbol como una
clamor conjunto de 26 millones de peruanos gritando por un gol que se anota.
Este fenómeno hace que chinos y negros, por ejemplo, se abracen, pero esto no
es un tema mediático entre niño y nación, es un tema de pertenencia: los
linderos de una red social o de una asociación son bastante rebasadas frente a
la idea de pertenencia por nación que el deporte, en este caso el futbol, nos
ofrece y porque son puestas en práctica y en exhibición habilidades y capacidades
complejas. Por ello, las actividades educativas, arqueológicas, turísticas y
las del deporte, deben ser constantemente reforzadas en nuestra infancia como
creadoras de cultura y de integración.
Conclusión
Del modo
en que los acuerdos internacionales y nacionales reconocen el derecho del niño
a la vida y a su protagonismo dentro de su marco étnico y cultural, debe considerarse
el interés social en el cual este marco se desarrolla, vale decir, en la zona
geográfica donde conviven los diversos grupos étnicos y en donde existe
división por la variedad fenotípica, propia al espectro peruano, especialmente
cuando conviven en zonas urbanas donde los grupos étnicos poco reconocidos no
dialogan acerca de puntos políticos o legales en común, dejando vacíos amplios
para configurar una integración debida de la cual sacan partido los nuevos
“vivos” del Perú. El popular dicho “no hay peor enemigo para el peruano que el
peruano mismo”, se cumple en razón a esto: los grupos étnicos por historia no
han compartido jamás los mismos símbolos de sentido.
Los
símbolos de sentido se afirman en base a una memoria histórica inscrita en los
genes de nuestra memoria y en las actitudes que el sujeto peruano fabricante de
expectativas en el niño peruano, guarda como validas. Esto es válido para crear
una base para la integración social con refuerzo en las culturas. Ninguna macro
cultura se va a desarrollar si esta memoria no acepta que el país es
multi-étnico y no pluri-etnico, porque la modernidad no es una moda, sino una
realidad concreta que no permite por lo general tolerancia entre grupos.
La noción
de nación en los niños está directamente relacionada a la decisión de los padres por revalorizar el territorio en que
viven. El sistema de ambiciones además debe estar regulada porque el Perú
contemporáneo le debe apología a la tecnología, constituyendo un punto
atractivo para las poblaciones migrar en su búsqueda por el sueño económico,
sin saber que en principio los ciclos migratorios afectan su raíz geográfica,
su fortaleza anatómica, su sensible conocimiento del entorno y la necesaria
construcción de sociedades apartadas de la capital que, a la larga, pueden
generan mayores y mejores espacios de vida.
La
acumulación de etnias en la capital es por ahora el tránsito del escenario del
niño, en el que se observa intolerancia,
expectativas, bullying y otros episodios, donde además el niño se debate entre
el dictado de la apología a una sola etnia y al detrimento de otras, incluso a
la burla y al chantaje.
Las
relaciones de poder de pertenencia son entendidas por los niños en relación al
deporte y a la sana diversión, su mensaje es sentirse queridos por el espacio
que habitan y mientras sea así, del mismo modo apreciarán su vida futura en
base a la solidez de sus propios sentimientos en donde el niño construirá y
mejorará su vida independiente en relación a símbolos revalorizados que
marcaron los primeros años de su plataforma de vida.
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· UNICEF
(2007). Estado de la Niñez indígena en el Perú 2007. Lima: UNICEF.
Páginas web
[1]
http://www.peru.gob.pe/normas/pep_normas.asp
[2] Ley de derecho a la consulta
previa a los pueblos indígenas u originarios, reconocido en el convenio 169 de
la organización internacional del trabajo
[3]
• UNICEF (2007). Estado de la
Niñez indígena en el Perú 2007. Lima: UNICEF.
[4] http://www2.ohchr.org/spanish/law/crc.htm
[5] Recibe su nombre del matemático inglés G. H. Hardy y del médico alemán Wilhelm Weinberg,
que establecieron el teorema en 1908.
[6] Comunidad de intercambio genético en la que existe
apareamiento aleatorio.
[7] http://cecyt3biology.blogspot.com/2009/04/principio-ley-o-equilibrio-de-hardy.html
[8] Véase su obra
“Discurso sobre el Origen de la Desigualad entre los Hombres”
[9]
http://www.midis.gob.pe/index.php/es/atencion-al-ciudadano-informacion/informacion/preguntas-frecuentes-midis
[10] Qali Warma (“Niño vigoroso”, en quechua) es el
programa de alimentación escolar del MIDIS que brinda servicio alimentario de
calidad a niñas y niños de instituciones educativas públicas de nivel inicial y
primaria.