martes, 20 de enero de 2015
La Vida, La Muerte y La Vacuidad por Ademar Díaz
Son las 4 y 17 de a mañana, han sido días de días disertando para mi mismo un pensamiento básico a cerca de la existencia:la muerte, su sentido, su destino, su finalidad y su espectral influencia durante la experiencia de la vida. En la medida en que uno siente su cuerpo y reduce su estancia al ciclo elemental, estar presente y cumplir con las fases de la existencia, aún incurriendo en la paria; recorrerá un ciclo común, le da el beneficio de la pre existencia a la naturaleza, empero y tal vez no se ha detenido en la relación entre uno mismo y la alegría, la burla, la percepción, la sensación del dolor, la experiencia de muerte, la amenaza del suicidio, la peligrosidad del pensamiento homicida o la del simple enfado la cual suele con la degradación convertirse en su enemigo más iluso. De cara a todas estas emociones el ser humano desea y necesita frenar y controlar el grave y complicado océano de las emociones aflictivas.
El hombre nace solo, es un cuerpo vertebrado, con funciones mas complejas que el resto de animales conocidos. En tal sentido, el hombre tiene opciones o de supervivencia o de auto realización, en un caso mas antropológico, de congregación a cuya comunión adosa su ser egoísta y se enrosca en la urbe tecnificando su enlace con la comunidad. No existe, tal vez relación más extraña entre el hombre y la naturaleza propiamente, y con la la naturaleza de las cosas creadas artificialmente y que además le rodea, o gobiernan. Y esto o aquello que lo rodea, sin duda, vivirá más tiempo que él mismo que ni el hombre mismo tiene la capacidad de llevarse consigo su aura, pero si la sensación de la relación.
La muerte no es acaso la obtención del ser de esta relación?, la muerte no sería acaso el retorno del hombre a un seno de aprendizaje donde sin los objetos de los cuales se empoderó y construyó su ego, no existirían más ?. En todo caso, la transformación de la materia por el hombre, es sin más como una cumbre creativa el signo a través del cual la lectura de los que aun viven sabrán que éste hizo parta la eterna marcha. La muerte es así el paso a la realidad cierta: la nulidad en su sentido positivo. Desde el punto de una propia modificación en que como dice el budista, el apego ha por fin desaparecido y por lo tanto toda sensación de aflicción. Vida y muerte son dos caras de una moneda que se enroscan a modo de esfera en torno a un ciclo que termina cuando la mente se abre a la posibilidad de que aún la posesión mas entorpecedora no está adherida en realidad a la sustancia primaria de nuestro hombre. La vida y su efímera destrucción en una guerra tendría un alcance medio; sin embargo el hombre en medio de la destrucción de la guerra no ha creído en ningún instante que frente a su aterrorizada alma que el polvo le es suyo: la complejidad de la muerte subyace en la simplicidad de dejar ir de las manos aún a un ser querido fruto de un cambio solicitado por la misma naturaleza de la repetición.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)